Tengo que hacerle caso a mi corazón, y aunque probablemente estas palabras no sean del todo populares con la mayoría de mis colegas, aprovecho este espacio para un humilde llamado de atención.

Es motivo de creciente preocupación para mi observar cómo muchos creativos están cayendo en su propia trampa. Lo vemos sobre todo en los festivales, pero gracias a la “desnudez” del Social Media, cada vez se nota más en vanos y superfluos postings que intentan amplificar esos casos, montados para hacer sentido de campañas más que de las propias ideas.

Me explico: los casos se han convertido en un “lienzo” para contar acciones, activaciones y pseudo campañas, y en la mayoría de las ocasiones, son una especie de maquillaje que crea la ilusión de tener una gran idea, que ha afectado positivamente nuestras vidas, culminada con una absurda colección de impactos demostrados a través de millones de tweets, likes, shares, etc. Pero desafortunadamente, en su mayoría, estos casos son producto de una “fábrica de sueños” que resultan en un espejismo que poco tiene que ver con la vida real. Son simplemente orquestados para engañar a grupos de jurados, y con un solo Google, podemos percatarnos que no se realizaron dentro de un contexto real. Es una “triste realidad” de la industria actual. Estos casos ”ficticios” son la consecuencia de la enorme presión que los creativos están recibiendo de sus agencias, de su management e inclusive de los Holding Companies, que están enfrascados en una lucha de poder y de egos.

Este tema se discutió de alguna manera en el pasado Festival de Cannes, y creo que está en la mente de todos los que vivimos de esto. Es un mecanismo que nos permite “compensar” por la falta de tolerancia al riesgo de la innovación por parte de nuestros clientes, pero sinceramente creo que se nos ha salido de las manos.

Una cosa es la búsqueda proactiva a favor de las marcas de nuestros clientes, que en gran medida nos permite cambiar el discurso y provocar a los Gerentes de Marca y Directores de Mercadotecnia a pensar en otros términos, y la otra es “formalizar” el proceso de creación de “campañas fantasmas” y casos “truchos” que a la larga sólo consiguen crear aún más desconfianza entre clientes y entre nosotros mismos. Tan es así que los festivales se han convertido en una especie de “Gestapo” que busca evidencia de la legitimidad de dichos casos.

Creo que es momento de auto regular nuestra conciencia y volver al camino de la integridad. Por el bien de nuestra industria, y por nuestra propia sanidad mental.

No tiene caso engañarnos a nosotros mismos. Volvamos con toda nuestra pasión a poner el talento al servicio de las ideas. Trabajemos para las marcas y para generar resultados reales, para productos reales. Los premios serán una consecuencia. Creo que es el mensaje adecuado y el legado correcto para futuras generaciones de una profesión a la que nos debemos.

Ojalá me hagan caso.