No me gusta para donde van las redes sociales.

Porque es el mismo camino que tomará la comunicación.

Las redes sociales han potenciado de manera extrema nuestra creencia latina más errónea: Creer que nos las sabemos todas.

Somos los mejores Directores técnicos.

Resolvemos un partido en el último minuto.

Sabemos como derrotar al narcotráfico, la corrupción y la inseguridad de cada uno de nuestros países.

Y nuestra forma de pensar no sólo es la mejor, sino la única.

Todos hablamos de todo. Nos estamos convirtiendo en opinólogos de cuarta que solo hablan y hablan. Ni leemos. Ni escuchamos a nadie.

Nos peleamos con muchos de nuestros amigos por defender nuestras posturas, sin siquiera prestarle atención a lo que dice el otro, por supuesto.
Y si no, lo bloqueamos, que es lo mismo que negarte en el mundo real. Pero con consecuencias un poco más baratas.
No me gusta para donde va la comunicación en las redes sociales.
Quizás las marcas estarán haciendo lo mismo que nosotros.
Hablando de lo que no saben, opinando de todo y todos, llevadas de la mano de los gurúes de la inmediatez.
¿Por qué no? El brief hoy lo da la gente.
Lo bueno es saber, como marca, qué tomo de ese brief, qué puedo convertir en relevante.
No necesariamente una marca de calzado deportivo – Sólo para poner un ejemplo – tiene que hablar de la muerte de un ídolo del Rock.
Pero todos hablamos de todo. Como si supiéramos, como si aprender se limitara solamente a escucharnos.
Cuando realmente aprender es escuchar al otro. Al que tenés al lado.
Pero para eso quizás tenés que sacar por un momento los ojos de la pantalla y mirarlo a los ojos. No mucho.
Un rato, nada más.