Siempre han sido tiempos difíciles para la creatividad. En todo el tiempo que llevo trabajando en este negocio, nunca he sentido que son más las personas que quieren apostarle a hacer las cosas distintas a las que no. Tal vez por eso siempre me ha gustado celebrar al valiente.

Somos una región con muchos problemas sociopolíticos, una región injusta con las oportunidades y una región donde las cosas cuestan más. A mi parecer, eso ha forjado nuestra personalidad. Nos ha dado la persistencia y la tenacidad. El trabajo duro y volvernos resolutivos desde la escasez. Cosas que hacen que nuestro talento y trabajo sean tan apetecidos en mercados más desarrollados.

Acá no hay presupuestos abundantes, no hay alfombras rojas, Super Bowls, Oscars, Oprahs ni Jimmy Fallons. No organizamos Grand Slams, Champions, ni Vueltas de ciclismo.

Obvio, tenemos las versiones latinas, pero no es lo mismo. Aquí en Sudamérica los recursos para que un trabajo creativo saque la cabeza no se compran. Tenemos la necesidad de depender del free press y muchas veces de la suerte de que nuestra caña “pique” con alguien de mayor tamaño comunicacional.

Siempre he pensado que si no fuera así, no seríamos la potencia creativa que somos. Y digo “somos” porque hace rato que dejamos de ser un golpe de suerte y un resultado sorpresa. Ya no somos el asombro de que un Irán golee a Alemania. Hoy nos paramos de igual a igual con cualquier agencia del mundo. Hoy le arrebatamos negocios a los más grandes, hoy somos relevantes en la industria global.

Ahora, imagina lo fuerte que seríamos si el cajón de ideas “para una segunda etapa” fuera más pequeño. Si hiciéramos solo un poquito más de lo que logra ver la luz. Para eso se necesita una industria más creyente, con menos referencias y más originalidad. Y por sobre todo, con una actitud más dispuesta a dejar de marcar el paso de absolutamente todas las empresas que componen la industria.

Necesitamos más creyentes en el poder de la creatividad, acá, en nuestros países. Nos estamos llenando de proyectos sin ejecución, de “Behances” con ideas que nadie compró, fundaciones fantasmas y de una tanda publicitaria obvia y repetida que no refleja el talento que hay detrás.

Hoy vamos a la guerra con un cortaúñas. Y si seguimos pensando en pequeño, ni siquiera vamos a tener a alguien que lo cargue