Hoy en día es difícil encontrar elementos de diferenciación apalancados en los atributos físicos del producto y es todavía más difícil aún que estos elementos tengan la capacidad de perdurar en el tiempo en la memoria del consumidor, es por eso que la marca y su propósito de comunicación pasó a convertirse en el eje central de nuevas posibilidades y estrategias de identificación.

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Al mirar por el retrovisor evidenciamos un escenario donde lo habitual era pensar en qué hago, luego cómo lo hago y después preparar un plan de marketing para al final del ejercicio preguntarse: ¿Qué marca le ponemos? Eso cambió y hoy estamos invitados a hacer lo inverso, primero hay que preguntarse cuál es el WHY, ese para qué existo, ese propósito que inspira y genera afinidad con las masas donde debemos dejar claro cuál es el valor que aportamos a las personas y al mundo.

Es por esto que debemos preguntarnos al querer entregar mayor valor: ¿Cuál es nuestra visión distintiva del producto, del mercado y del contexto en el que operamos? ¿Para qué existimos y por qué debemos importarle a la gente? ¿Qué habilidades y valores forman parte de nuestro ADN? ¿Qué beneficios funcionales y emocionales podemos reclamar legítimamente? y ¿Cómo podemos materializar esto en unos medios que den vida a nuestra propuesta de valor, siendo capaces de defenderla y posicionarla en el tiempo?

Teniendo claridad de lo anterior, ahora sí podremos entregar a las marcas mayor valor a menor costo, teniendo claro que hoy en día.

“Las experiencias que giran en torno al producto o servicio son tanto o más importantes que el propio producto, estableciendo una diferenciación sobre la que es fundamental y una ventaja competitiva sostenible”.

Las marcas trascienden cuando se conectan con los deseos, las necesidades y aspiraciones reales del público al que desean dirigirse, demostrando un real interés por facilitarles la vida y evitando comunicarse desde un monólogo que insista en todo aquello que saben hacer y los atributos que tienen. Por el contrario, se necesita cambiar el discurso y hablar en un lenguaje que explore los territorios de conversación relevantes que generen experiencias pensadas desde y para los públicos, al final, será la marca y el producto quienes soportarán y darán las garantías de lo prometido.

En resumen, generar mayor valor a menor costo nos lleva a cambiar paradigmas y encontrar oportunidades en espacios relevantes donde la diferenciación pase de estar pensada desde el producto y sus beneficios a concentrarse en la marca y su significado, entendiendo que las personas no quieren comprar productos sino solucionar problemas mientras viven experiencias.

La construcción de las marcas se basa en la capacidad de ser relevantes para sus públicos de interés, por ello, hay que conectar con las necesidades reales y las aspiraciones básicas de las personas, entendiendo que la comunicación unidireccional ha pasado a la historia y hoy es necesario establecer un diálogo verdadero ofreciendo contenido de valor para los clientes, mismos que se desempeñan como actores activos imprescindibles dentro del ecosistema de la marca y por lo tanto es fundamental que estén siempre contemplados.