Hablamos con David González Natal, Socio y Director Senior Engagement de Llorente & Cuenca y nos cuenta acerca de su experiencia trabajando para la fundación BBK, con la gran campaña «Invisible soledad» y cuales fueron los retos, los aprendizajes, el impacto y las grandes masas que movió esta campaña.

¿Cómo esta campaña da continuidad a nuevas acciones frente a la problemática?_ «En realidad, la propia campaña ya era una continuación del trabajo que la fundación BBK venía realizando en la mitigación de los efectos de la soledad no deseada en las personas mayores. Digamos que lo más complicado, el doing de la marca, ya estaba ahí y la campaña buscaba amplificar y generar conciencia sobre una problemática de la que aún se hablaba poco y que no ha dejado de crecer con la pandemia. Lo que sí es cierto es que el éxito fue tan grande que lanzamos una iniciativa nueva a continuación para que en las Navidades las personas mayores que vivían solas no tuvieran que cenar en las fiestas en soledad y lo pudieran hacer con familias voluntarias».

¿De dónde nace la idea de crear una pieza de arte como estas junto a Rubén Orozco?_ «Partimos del insight de que sólo se hablaba en los medios de comunicación de la soledad no deseada cuando se producía el fallecimiento de una persona mayor que vivía sola. Por eso nos planteamos que crear una escultura hiperrealista de una persona mayor bajo el título ‘la última persona fallecida en soledad’ podía ser la mejor manera de disparar la conversación. Sobre todo, pensando en descubrir luego que la persona en realidad estaba viva y aún estábamos a tiempo de apoyarla. Cuando tuvimos eso claro es cuando buscamos quién podía ser el mejor creador para la escultura, teniendo claro que era la pieza central, y conocimos a Rubén, que es un artista magnífico y con el que luego hemos tenido la suerte de poder volver a colaborar en otra campaña de BBK, Bihar/Elegir el mañana, que también ha sido un éxito internacional».

¿Cómo “Invisible Soledad” es una forma de dar ejemplo a la industria de realizar campañas disruptivas y que realmente hagan impacto, no solo en el social media si no en acciones humanas?_ «Yo creo que sobre todo es un ejemplo de una campaña que piensa más en la conversación que en el contenido, a pesar de que en el centro tenga un elemento tan icónico como la pieza de la escultura. Hay un trabajo muy deliberado de análisis y construcción de conversación en el que las diferentes técnicas, ya sean brand pr, marketing de influencia, uso de exterior o branded content, entran en diferentes momentos a apoyar esa generación de relevancia. También, y esto es mérito sobre todo del cliente siempre, creo que puede ser un ejemplo de cómo cuando rompes y haces algo arriesgado y diferente que se sale de los formatos típicos publicitarias la conversación y la eficacia se pueden disparar».

¿Cuál es el premio mayor personal al haber trabajado en este proyecto?_ «Siempre decimos que el mejor premio es que la propia Mercedes dejó de estar sola, ya que una sobrina lejana, a raíz del impacto mediático de la campaña conoció su historia y se puso en contacto con ella. En general creo que es muy satisfactorio cuando ves que algo que hace mueve a la acción a la gente, aunque esa acción sea tan sencilla, pero tan potente a la vez, como llamar por teléfono a un familiar mayor que vive solo y hablar con él o visitarle».

¿Cuál es el punto del antes y el después que marcó la creación de la campaña desde términos creativos para todo tu equipo de trabajo?_ «El nivel de impacto que la campaña ha tenido y su recorrido en festivales de creatividad sin duda ha supuesto un antes y un después para LLYC en términos de reconocimiento creativo. Creo que la creatividad vive un momento maravilloso y que ya no es válido pensar que sólo puede venir de agencias de publicidad tradicionales. Ahora mismo hay muchas tipologías de partners que utilizan la creatividad con enfoques diferentes, en nuestro caso es ante todo una herramienta muy poderosa para elevar la realidad y ayudar a nuestros clientes a ser relevantes en la conversación«.