Era una fábrica de hacer humo, desde afuera se podía notar. Yo era muy pequeño y me encantaba ver el cuadro que se pintaba con la vieja estructura de ladrillos, el cielo color azul nublado y el humo que salía serpenteando por la boca de las chimeneas. Soñaba con trabajar allí, así que estudié para hacer humo y para venderlo (por suerte lo hice en una universidad donde la mitad de los profesores eran expertos en vender humo).

Cuando conseguí entrar, mucho tiempo después, recuerdo que me sentí como seguramente se sintió el pequeño Charlie entrando en la fábrica de Willy Wonka. Era mágico ver como la gente, de la nada, sin más ni más, producía humo y además lo vendía. ¡Pura magia! -al mejor estilo Oompa Loompa-.

Recuerdo que en una de las áreas de la fábrica había una máquina hechiza que parecía un carrito de hacer algodón de dulce, de esos que se les echan unos pocos granos de azúcar de colores y ya producen algodones gigantes y pomposos, la diferencia era que a este aparato no se le echaba azúcar, sino términos en inglés como Neuromarketing o Infoxication, no era sino arrojárselos y ahí mismito echaba una bocanada de humo como si se hubiera prendido. Así más o menos se hacia el humo. Después descubrí como se vendía.

Por arriba del cubículo donde me sentaron, ya casi a la hora del almuerzo, vi como un trainee en el parqueadero levantaba con facilidad unas cajas llenas de humo y las subía a la camioneta de uno de los jefes.

-No importa si no sabes de data, habla como si te hubieras inventado la data- Le gritaba el directivo mientras encendía la camioneta.

Y así, más o menos, era como se vendía.

Entendí, analizando los nubarrones blancos que flotaban por toda la fábrica, que para vivir de la venta de humo, fuera bueno o no en lo que hiciera, debería hablar en redes, dictar clases y dar charlas como si en realidad lo fuera. Debería desparramarme en las salas de juntas, tanto de piernas como de lengua y mostrarme siempre como el jefe de jefes, así no lo fuera. Según entendí, incluso debería, sin importar el cargo real que tuviera, poner en LinkedIn algo más o menos así:

Regional Chief Leader / Solution Evangelist / Pro-Client / Guiding Spirit / Marketing Pest Control. 

Debería tener una foto de perfil dando una charla y conocer de memoria las rutas, horarios y paradas exactas del bus de la victoria. Debería, si es que quería vivir de la venta de humo, inventarme un término nuevo en inglés resultado de unir otros dos, algo como Freemium, luego escribir un libro sobre eso y por supuesto dar charlas y hacer talleres a diestra y siniestra.

Por esos días, durante una lluvia de ideas en la fábrica, recuerdo que uno de los directores creativos me pasó un lápiz nuevo y una hoja de papel en blanco. Pensé, mientras los deslizaba hacía mi sobre una larga mesa de madera, que había llegado el momento de demostrar mis habilidades para el negocio del humo. Era mi momento, así que, ni corto ni perezoso, empecé a romperlos, hice un montoncito sobre la mesa y los prendí con un encendedor BIC que llevaba el bolsillo.

-¿Qué está haciendo, güeva?-  Me dijo el director.

-Humo- Le dije. -Qué más?

Más tarde en su oficina me explicaba, que si bien era cierto que parte del humo que salía por esas chimeneas era solo apariencia, también era cierto que el 90% de él, se producía cuando se cocinaban ideas, cuando los cerebros creativos parecían quemarse de tanto pensar, cuando sus equipos se levantaban al fin de su silla luego de 15 horas de trabajo, o cuando se discutía acaloradamente sobre el futuro de una marca en una sala de juntas. Me explicaba, que en la mañana, el humo lo producía el café caliente que tomaban a chorros los que llegaban temprano, y que en la noche, por lo regular, lo producía el pollo asado que los muchachos que trasnochaban pedían a la “Chispita Roja”.

Ese día entendí, que era más la gente que se rompía el lomo trabajando por la industria, que la que vivía a costillas de ella. Ese día entendí sobretodo, que no había entrado al negocio del humo, sino al de las ideas.

Diego Ortiz “Mimo” / Executive Creative Director / Leo Burnett México