Processed with VSCO with n1 preset

Como aporte a la iniciativa de cuidar a otros quedándonos en casa, comparto este texto con algunas reflexiones (y predicciones) sobre la que, no tengo duda, será la palabra de estas generaciones: Cambio. Espero sirva al menos para distraer algunas mentes ansiosas, para acompañar el café de la tarde o quemar unos minutos de los que por estos días nos sobran.

Se habla en los medios del cambio de hábitos por el Covid 19, del cambio climático, del cambio del dólar y también del que, según muchos gurús, necesita la publicidad hace años. Es obvio, en todos los casos, que sobran thinkers y faltan doers. Pero para no alargarme demasiado y espantar a los centennials, me enfocaré solo en el primero y en el último, aclarando que sobre los otros cambios existe bastante bibliografía disponible en Google de gente con mejores credenciales que las mías para hablar de esos temas. No sobra igual revisarlos.

CAPITULO  I

EL COVID Y EL CAMBIO DE HÁBITO

Desde ya se anuncia que cuando el Covid se haya controlado, es bastante probable que algunos de los hábitos de distanciamiento social queden instalados para siempre en nuestra sociedad obligándonos a cambiar la forma de relacionarnos.

Será difícil, si es que seguimos aquí después del Covid, que no lo pensemos dos veces antes de apretar la mano de algún desconocido que nos saluda, de no preguntarnos al menos, si la tendrá limpia. Siempre he sido un tipo asquiento, pero el tema no pasa por ahí porque hasta que no quede ninguna persona infectada en el mundo, el riesgo de otro brote seguirá latente.

Paradójicamente fueron las culturas orientales las que muchísimo antes de esta pandemia popularizaron el saludo sin contacto. Una tradición que estiman los estudiosos, se formalizó durante la dinastía Shang (1600 a 1046 a.C). La reverencia representa respeto hacia el otro e implica una muestra de humildad poco usual en las culturas occidentales, que nos enseñaron a no bajar la cabeza ante nadie. Por otra parte, las tradiciones de su medicina milenaria sugieren que el contacto físico implica compartir el qi o energía vital, de modo que una persona con qi negativo puede alterar el campo energético de otro. Los grados de inclinación del cuerpo representan diferentes niveles de reverencia o admiración. Los protocolos de saludos entre hombres y mujeres resultan maravillosos y sin duda habrían ayudado por estos días a reducir el número de denuncias por acoso sexual.

Es difícil saber hasta dónde ese tipo de saludo los habrá protegido de consecuencias tan lamentables como las que sufren en Italia, en donde para saludar no basta el apretón de manos sino el beso doble -incluso entre hombres-

Hay que anotar que detrás de todo esto podrían esconderse también las razones por las que los japoneses, por ejemplo, se han ido convirtiendo en seres solitarios, introspectivos, refugiados en los videojuegos o los cómics, y cuyo distanciamiento voluntario ha terminado degradando hasta el sentido de familia. Varios artículos y documentales relatan cómo los ancianos mueren en sus casas sin que nadie lo note, los llore o reclame sus herencias. Una serie de Netflix da cuenta de la timidez que le impide a hombres y mujeres acercarse de forma natural, de matrimonios en los que el sexo nunca ha existido, claro que aquí abundan casos así, pero todavía no conozco alguno en el que los hasta los besos en la boca se hayan convertido en tabú.

Las saludos con besos entre sexos opuestos podrían ser los más castigados porque aquí se mezclarían las bacterias con los jugos del feminismo. Nunca he sido dado a las presentaciones con beso, pero reconozco que con frecuencia he caído en el de las despedidas. De ahora en más el protocolo nos salvará del bochornoso incidente de coordinar saludo reverencial, apretón de manos y estirada de trompa. Lo recomendable será despedirse agitando la mano a la altura de la cabeza, esbozando una sonrisa y usando un tono de voz amable. Al final de cuentas, la etiqueta en los negocios siempre ha prohibido los besos.

Eso en cuanto a las relaciones laborales, pero ¿… y del resto qué? Quiero creer que todavía no nos pasará lo de Japón. Sin entrar en el tema sexual, pensar en lo complejo que puede resultar un mundo sin intercambios de saliva, es triste. Las deliciosas chupalinas de una noche de tragos entre desconocidos podrían ser más escasas ahora que los Koalas, sin embargo, mi peor temor no pasa por ahí. Los besos no necesitan abogados de oficio, pero ¿quién defiende los abrazos?

Para alguien como yo, con poca capacidad de síntesis, un abrazo significa la posibilidad de expresar muchas cosas sin usar una sola palabra. Dicen los libros que la práctica nació de la desconfianza, justamente de los militares chinos que usaban un ritual parecido para asegurarse que los miembros de tribus enemigas no vinieran armados. Yo digo que un abrazo solo puede nacer de la confianza y esgrimo como prueba el que todos recibimos al nacer y convierte nuestro llanto en suspiro. A menos que los chinos no sean descendientes de los primates, creo que basta con ver a los monos abrazando a sus crías, no sólo para protegerlas sino como muestra de afecto, para entender que esa es una expresión mucho más antigua que su cultura.

El abrazo vuelve dos cuerpos una sola masa, pone los corazones casi a la misma altura y sin pruebas que lo confirmen, digo que los pone a latir en la misma frecuencia. El abrazo tiene el poder de calmar el frío, el beso no –a menos que incluya abrazo–.  Así en el beso la lengua más prodigiosa alcance a rozar las amígdalas del otro, el abrazo resulta mucho más profundo porque llega hasta el alma. Al respecto el periodista Ariel Torres alguna vez escribió: “Los abrazos constituyen el único lenguaje que el alma comprende. Acaso los cuerpos no sean sino la excusa para que nuestras almas dialoguen. En un abrazo no hay error de interpretación. No hay paralaje. No hay entrelíneas”.

Rebotar con fuerza la palma de la mano sobre el omoplato de un buen amigo o recorrer con la yema de los dedos las costillas de la mujer que amas es una sensación que trasciende la poesía. El simple acto de rodear a otra persona con los brazos quizás represente la muestra de amor más honesta e incondicional que se puede dar.

El vacío que dejarán en la memoria de muchos como yo será muy difícil de llenar. Ojalá que mis predicciones resulten tan falsas como las de Nostradamus, pero si al final la distancia se termina imponiendo como regla, estaré más cerca de ser recordado como rebelde que como creativo, lo cuál no me molestaría en absoluto. Continuará…

Espere mañana: Capítulo II  El cambio de la publicidad y el Covid