Hace mucho tiempo atrás, aunque no tanto, estaba en casa de unos amigos esperando ver una pelea de box que había sido anunciada como la pelea del siglo. Primer acto de comunicación.

Éramos 8. Había de todo, cada uno fue un dealer de bebidas, comidas y accesorios. Los tragos circulaban como por autopistas y casi nadie comió un canapé, como dicen Los Divididos.

Había 2 wiskys, uno de 12 años negro, otro de 18 azul. Obviamente fue el primero que desapareció entre hielos. Segundo acto de comunicación.

La pelea empezaba en 2 horas, mientras, había que ver a desconocidos peleando por su fama de algodón, algo tan aburrido como los políticos en campaña, así que se hablaba más de lo que se escuchaba entre nosotros.

En un rincón pelearía Andrew Golota, un desconocido marinero gigante polaco que encontraron en un bar de un puerto borracho tirando gente por la ventana como un transformes acelerado y que ya había ganado 5 o 6 peleas por knock-out en el 1er round, del otro lado Mike Tyson, el campeón más joven de la historia y el más noqueador que se haya visto jamás, la revelación, la energía, el espíritu, el corazón. Tercer acto de comunicación.

Los hombres, a diferencias de las mujeres, se pueden desconectar de todo y concentrarse, por ejemplo, en una pelea de box. Y eso hicimos en el momento que una mujer increíble en bikini increíble también sube al ring con un cartel que nadie mira anunciando el round 1. Cuarto acto de comunicación.

Segundos afuera.

La gente en el estadio gritando de pie, nosotros ya abriendo el de 12 años y a los gritos, el mundo ansioso esperando la campana, y debajo de ellos, a sus pies, como queriendo enfriar la cosa, obviamente…cerveza Corona. Quinto acto de comunicación.

La bolsa de Tyson era de 10 millones de dólares, gane o pierda, la de Golota de 6. Sexto acto de comunicación.

Comienza la pelea, nos intentamos sentar como podemos entre el desorden de botellas vacías y el mareo y vemos entre gritos y humos blancos que Mike Tyson lo golpea a un desconocido y casi hippie Golota, hasta que, casi sobre el final, lo tira de una piña que nadie entendió como se paró al segundo y ofrecía su cara como en una subasta pornográfica, y así se va el 1er round. Un amigo convido Cohíbas numero 1 a todos. Séptimo acto de comunicación.

10 a 4 según los jueces que saben, 10 a 0 según nosotros que sabemos más.

El segundo round fue todo para Tyson, que en esa lluvia de golpes que le dio vimos entrar un rayo que debería haber volteado a Golota como a las torres gemelas, pero el gigante seguía de pie, increíblemente vertical, y nosotros a los abrazos y gritos, nos comíamos una sola Leys para equilibrar los litros de alcohol. DIRECTV pasaba la repetición de ese golpe una y otra vez. Octavo acto de comunicación.

Lo que sigue es increíble.

Golota no sale a pelear. Nadie lo puede creer, se lleva 6 millones por 6 minutos, nada mal para el, todo mal para el show. Su coach no lo puede creer, le grita para que reaccione y salga, pero el escupe el protector bucal y lo mira con odio, Tyson espera en su rincón enojado, no entiende que pasa, la gente abuchea a Golota, el réferi pide que salga a pelear, Golota lo empuja, el coach se acerca, Golota lo vuelve a empujar y lo desparrama por el piso, la gente grita, entran los asistentes que intentan parar a Golota que lo quiere matar  su coach, pero no a Tyson, entre tanto caos el referí para esta locura y le da la pelea ganada a Tyson que lo quiere matar a Golota porque se siente defraudado. Las cámaras enfocan a un actor famoso que sonríe detrás de sus gafas oscuras. Noveno acto de comunicación.

Golota se baja solo del ring y se va, la gente le escupe, le pega, lo abuchea, él solo, con la mirada hacia sus botas blancas de flecos avanza sintiendo ese odio, hasta que un espectador le pega con una silla en la cabeza y se la abre al medio bañando su cara de sangre.

La imagen es de una película de terror un gigante desnudo bañado en sangre rodeado de hormigas que lo abuchean. Décimo acto de comunicación.

Y Golota sigue su camino hacia los vestuarios, se lleva los gritos y 6 millones. Atrás Tyson lo ve irse desde el ring, su asistente, con una gorrita de Bacardi le levanta los brazos. Onceavo acto de comunicación.

Nosotros nos servimos uno de los 12 años y hablábamos de esto como evangelistas drogados, la tele solo pasaba ese final de una pelea que iba a ser la del año, y resulto la de los minutos, así que como la noche estaba fresca aun nos fuimos a un bar famoso llamado tequila. Doceavo acto de comunicación.

Esa noche nosotros y el mundo odio a Golota,  un cobarde que recibió unos golpes y se embolso 6 millones. Fue un corto viaje a la desilusión, la caída de un grande, la decepción con guantes.

Al día siguiente salió en todos los diarios. Golota tenía una conmoción cerebral, coágulos, fractura de pómulo izquierdo con posible pérdida de su ojo y una hernia de disco por la pelea.

Él era el único que peleaba por su vida, ni su coach, ni sus asistentes, ni el médico de la pelea lo estaban ayudando a sobrevivir. No se desmayó porque era un gigante muy fuerte, y en ese estado enfrento solo a la multitud que lo culpaba de cobarde, como yo. Décimo tercer acto de comunicación.

El antidoping de Tyson le dio positivo, había fumado marihuana antes de la pelea, así que su victoria sobre Golota fue anulada. Ultimo acto de comunicación.

La comunicación es todo, la información es más.

Carlos Baccetti

#ValeLaPenaVer el homenaje que le hizo El Diente a Calos Baccetti y Ramiro Agulla