En la película de Cristhopher Nolan del 2012: The dark night rising, la última parte de la trilogía sobre el vigilante nocturno de ciudad Gótica, se nos presenta a Bane, un mercenario asociado a la liga de las sombras (la misma que había salido en la primera parte comandada por Ra’s Al Ghul) y cuyo objetivo es secuestrar a Gótica para destruirla con un reactor nuclear inestable. Al mismo tiempo, el millonario Bruce Wayne también conocido como el enmascarado Batman, está ahora retirado y bastante magullado por las peleas que tuvo que librar para proteger a Gótica de villanos sicópatas como el Espantapájaros y el Joker.

En este escenario, un preocupado Alfred Pennyworth (el fiel mayordomo de los Wayne) le recomienda a Bruce no enfrentarse a Bane pues, le advierte, su técnica, furia y entrenamiento superan en creces los suyos propios, por una creencia y determinación por ganar que el mismo Batman ha perdido; Bruce lo desmiente, asegurando que lo único que necesita para ganar es golpear cada vez más fuerte para derrotarlo. Más adelante, sin ningún miedo, Bane enfrenta a Batman, lo humilla con su superioridad en combate y le rompe la espalda no sin antes echarle en cara que su derrota es producto de su propia victoria, “la paz te ha costado tu fuerza, la victoria te ha vencido”.

Y ya está. Esa es la razón de por qué ganó. Batman había perdido la necesidad de luchar, de enfrentarse a la adversidad, de retarse a sí mismo para mantenerse con vida. Así, desestimó a Bane como un enemigo y fue arrogante al enfrentarlo; Bane, por su lado, mantenía dentro de su alma el hambre de la victoria y la ambición de superar al primero. Y ante el eventual combate, era obvio que la preparación de Bane prevaleció.

En el año 2016 el Leicester City ganó la Premier Liga inglesa a la cabeza de su goleador Jamie Vardy. Este pequeño jugador con 16 años jugaba en el Sheffield Wednesday. Después de formarse en su cantera, la directiva decidió que era demasiado bajito, era pequeño para triunfar en el fútbol profesional por lo que dejaron de convocarlo y le rescindieron el contrato.

De golpe, Vardy vio cómo su sueño se esfumaba y no se lo tomó demasiado bien. A decir verdad, lo encajó tan mal que decidió dejar el juego y comenzó a meterse en líos y peleas en los pubs ingleses. Al final llegó tan lejos que fue arrestado y condenado a llevar un brazalete para tenerlo localizado y le impusieron un toque de queda.

Poco después regresó al fútbol, y lo hizo para jugar en la octava división, en un equipo local llamado Stockbridge Park Steels donde compaginaba el deporte, donde cobraba 40€ semanales, con un trabajo en una fábrica de prótesis. Su condena claramente le hizo recapacitar y volver a retomar el rumbo de su ilusión deportiva. Se propuso luchar para cumplir el sueño que le habían robado, peleando por una oportunidad en las ligas profesionales, algo casi imposible para los jugadores de la octava división.

Después de tres años y 66 goles, la carrera de Vardy ascendió hasta ser fichado por el Halifax Town, el Fleetwood Town y el Leicester City, un equipo de segunda división con el que consigue el ascenso a la liga Premier.

En su momento fue fácil para los periodistas afirmar que el éxito de Vardy se debió al talento con la pelota, que no sólo había cumplido todo lo que soñaba, sino que además lo había superado con creces. Pero su talento, aunque formidable, fue poca cosa ante la competencia y las dinámicas de selección de los equipos profesionales.

Jamie Vardy triunfó, sí, pero su talento poco tuvo que ver. Su caída fue la forma más dramática en la que tuvo que aprender que sólo el trabajo constante y disciplinado son moneda de valor, pues sin estas herramientas siempre aparecerá, sin que nos demos cuenta, alguien que trabaje más, entrene más o estudie más que marcará la verdadera diferencia entre el éxito y el fracaso.

Luego de su desafortunado encuentro con Bane, Batman, herido y con una vértebra descuadrada en su columna, se dedica a fondo a entrenar y a redescubrir lo aprendido antes de su derrota; este “ascenso” al que se refiere el título no es otra cosa que el esfuerzo sobrehumano que debió hacer para salir del agujero de Santa Prisca, que en la película es una metáfora de cómo la comodidad y la pasividad le pasaron factura en su lucha como el caballero oscuro.

Y aunque magnificado por héroes de abdominales marcados o futbolistas con sueldos millonarios, el principio es el mismo para cualquier persona. Ya sean copys, diseñadores, creativos, ejecutivos de cuenta, emprendedores, personas del área de mercadeo, empresarios o salgan a combatir el crimen con mallas y antifaces: la preparación es fundamental, el entrenamiento constante es la clave y lo aprendido tiene una fecha de vencimiento; así que continúen esforzándose, continúen teniendo metas, continúen progresando.

Feliz 2019.


Alejandro Zapata
Director General NOGMA