Ayer pensábamos grandes ideas con el corazón, hoy, después de varios logros y aprendizajes sabemos que para nosotros y nuestros clientes no ha sido sencillo hacerlo; de hecho cada día somos más racionales y la industria vincula perfiles más integrales (marketing, comunicación, estrategia y creatividad en un mismo paquete de skills exhibido con versatilidad por jóvenes ejecutivos) cuyo roll resulta definitivo a la hora de trazar el rumbo que toman potentes campañas, marcas y negocios.

Este es el escenario que vivimos, y allí, el valor agregado de la emoción y la experiencia evolucionó del BTL visto como una opción de menor inversión, a la realidad de los grandes presupuestos de nuestros clientes migrando intencional y afanosamente al piso de venta, allí donde las personas ratifican su amor y verdadero interés por una marca o producto, sin idilios puestos en la consideración que vagamente muestra un top of mind, o la romántica ficción de un top of heart.

Estamos en un territorio donde las palabras experiencia, data e hiper-medial, le quitaron el habitual lugar a las antes renombradas y parafraseadas: acciones de marca, digital y estrategia 360.

Nos enfrentamos a un desafío volátil, líquido y en algunos casos, incontenible.

Un momento en el tiempo de la publicidad donde el dinamismo de las start-ups con sus novedosos procesos emergentes, sumado a la integración de las tendencias de consumo en los planteamientos estratégicos de las marcas, y la constante reducción del presupuesto de las compañías en los medios tradicionales a la hora de publicitar sus productos o servicios; pone a las agencias y sus modelos, en una agitada marea de cambios y transformaciones.

El mar que navega un corazón fuerte pero agitado, encontró en Sístole una postura más serena pero no menos palpitante: Decidimos cambiar nuestros latidos al ritmo de un contexto publicitario vívido y mutante. Nos re-direccionamos, nos re-inventamos y nos re-definimos, pero no una, ni dos veces, tampoco veinte, ni cien.

En Sístole tomamos el riesgo que ninguna agencia quisiera afrontar. Transformarnos cuantas veces sea necesario y hacer el trabajo sucio que todos evitan, porque no hay mejor manera de fluir entre lo incontenible de una realidad publicitaria de abrupta y constante metamorfosis, que evitar ser contenedores con la rigidez e inocuidad característica de los modelos y las fórmulas “marketeras”, para actuar con la flexibilidad de un líquido que se prepara con imaginación y coraje, buscando satisfacer la exigente sed de los clientes, las marcas, los negocios e incluso, los aliados.

La extraña liquidez, que ante un claro interés por la habitual liquidez financiera y un auténtico amor por lo que hacemos, nos lleva a planteamientos de flexibilidad en la administración del talento humano, fluidez en las estrategias, el cuestionamiento constante de nuestra propia creatividad, la búsqueda permanente por un punto de vista novedoso en los canales de venta que frecuentan los shoppers y se pelean las marcas, un relacionamiento sin fronteras que nos acerca a esos personajes aparentemente inalcanzables, e incluso, dinamismo para modificar la planta física que habitamos (una que cambia más que el clima de nuestra querida Bogotá).

En Sístole seguimos haciendo latir el corazón de nuestros clientes, pero esta vez con la sangre fluyendo más allá, acelerando el ritmo de las transacciones y no solamente de dinero, también de emociones. Hoy en la agencia ya no sentimos la nostalgia del pensamiento centrado en el corazón, hoy enfocamos nuestros argumentos y emociones en la sangre nueva. Lo que para los demás resulta riesgoso, desgastante y hasta impensable, para nosotros deviene en trabajo oportuno, satisfactorio y sobre todo, real.

Autores:

Juan David Jaramillo

Vicepresidente Ejecutivo

José Alexander Gordon Doncel

Director Creativo Total Work

¡Con toda a Sístole y equipoo!